miércoles 25 de febrero de 2009

BYE BYE NAMPULA, MARKET PLACE AND SEE YOU LATER















BYE BYE NAMPULA,

MARKET PLACE

AND SEE YOU LATER

Que la vida en África está en la calle, se nota al salir del aeropuerto. Los mercados de la nada, espontáneos o no, a pie de carretera, en medio del parque o entre las vias del tren.

Absolutamente todo es vendible e intercambiable. Cualquier cosa puede hacerle falta a alguna persona en algún momento, en cualquier lugar. Estas son las imágenes que dejo como despedida de Nampula. Marcho el martes a Pemba y de allá el jueves a Maputo de vuelta y el sábado a Barcelona, via Lisboa (15 horas de viaje en total).

Después de 20 días en África demasiado intensos mis energías no son las mismas. Escribo porqué lo necesito, porqué escribiendo me encuentro y no me dejo llevar por mi vida temporal en un país extraño. En este caso, Mozambique.

Viajar con la agenda apretada por trabajo y además intentar dejarme seducir por lo que me envuelve no es fácil, desgasta, pero compensa tanto... que se convierte en una droga. Los últimos dos días he estado a medio gas, una insolación me ha dejado un poco alelado, con las capacidades cerebrales un poco debilitadas (más de lo habitual). Tengo una especie de alergia en las manos, no debe de ser nada grave, por el calor y el tabaco asumo (estos cigarros no sé que llevan, pero tabaco, poco) Escribo esto lunes por la noche, ahora me colaré en el hotel al lado de mi residencia, aer si les funciona el internet y así envío el post. Mañana voy a Pemba, vuelvo el jueves a Nampula solo para tomar el avión de vuelta a Maputo.El sábado 28, vuelta a casa.

Marcho de Nampula contento por haber conocido a Casa Velha, son excepcionales y si quereis saber un poco más de ellos consultar http://www.casavelhanampula.blogspot.com/ Escribidles si quereis saber cualquier cosa, Méle, Geraldo, Faba, Ligia y Padre, los 5 coordinadores, estarán encantados de recibir vuestras consultas o comentarios de apoyo a su labor. Gracias a ellos he podido adentrarme en la realidad de los bairros, aunque por poco tiempo (necesitaria meses para poder hacer un trabajo antropológico y fotoperiodístico en condiciones y no solo utilizar mis pocas horas libres en este viaje). Son rastas, puros, con una música excepcional y con un compromiso a sus comunidades como yo no habia conocido, sin política ninguna. Luchan contra el SIDA, la Malária, el Cólera, la mortalidad infantil... con su arte. Digno de verlo. Comprad el semanario LA DIRECTA este miércoles, mañana, para ver un reportaje sobre ellos. En algunos kioskos de Las Ramblas se encuentra. (www.setmanaridirecta.info)

Me dejo de rodeos y me despido. Os dejo con imágenes de esta vida en la calle que me ha recibido en África.

PD: Suena Dream, dream, dream, versionados por los REM y encuentro el Joker que voló hasta mis pies antes de ayer que me mira desafiante. Ya no me da miedo.

Take care.

Samuel.

lunes 23 de febrero de 2009

FARINHA DE MILHO












Paseando por el bairro de Muhaivire-Zona Militar, es fácil encontrarse escenas como esta que se ve en las imágenes. Las mujeres de la família moliendo el maíz o milho con el que harán la harina de la que saldrá la pasta que se come todos y cada uno de los días en los bairros de Nampula. Es la comida más habitual, la que más llena el estómago, hidrato de carbono puro, se come haciendo con la pasta una bola con la mano, previo mojarse las manos en agua, y luego mojando la bola de pasta en algún caldo con un poco de pescado a poder ser. Es comida de supervivencia, aunque se utiliza como complemento de platos más elaborados típicos de la cocina mozambiqueña.

Sólo las famílias más pobres se muelen ellas el grano a mano. Comprarlo molido es más caro, y la economía de subsistencia en la que están inmersas miles de famílias de los bairros hace del distribuirse bien el poco dinero con el que cuentan, la esencia de sus vidas. En estas imágenes, dos de las mujeres de la família, la hija y la abuela, son las que preparan la harina para la comida. La señora, no sabe la edad que tiene, la chica dice “tendrá 50”... mi cmpañero de Casa Velha, Geraldo, dice, ¡No! Por lo menos tiene 70! La cuestión es que, en un pais en el que la esperanza de vida ronda los 40 años... sobrepasar esa edad ya es todo un éxito. Es realmente dificil encontrar personas de edad avanzada. La vida va muy rápido en Mozambique. No tiene el mismo valor que para nosotros. Aquí todo es bastante más relativo. Que un niño muera de diarrea, que la madre o el bebé mueran en el parto, por ejemplo, es algo tristemente frecuente.

El milho llena la barriga, y con agua la infla y te quita la sensación de hambre. Por suerte, en Mozambique, a diferencia de otros paises africanos, es más fácil poder mezclarlo con vegetales o con pequeños peces secos que se venden por todas partes. La carne es otro tema, casi un lujo para la mayoría. Es un país rico en agricultura y pesca donde cada fruta y cada verdura tiene el sabor que le pertoca y eso se palpa en los mercados:

Conglomerados de tenderetes de madera, con caminitos estrechos entre las paradas donde se exhiben las mercancías, se mezclan los olores, los colores, el bullicio de la gente que compra e intercambia. Un submundo repleto de detalles, de los cuales se me escapan mil y más.
Perderse en ellos es divertido e intentar negociar con alguno de los tenderos... con muuucha paciencia, te puede ennseñar bastantes cosas en pocos minutos. Al fin y al cabo, yo soy blanco, y por muy poca pasta que tenga, tendré varias miles de veces más dinero que los habitantes de un bairro en toda su vida.
Os dejo con esta serie de imágenes de milho, si tengo tiempo y conexión, pues voy a tope de trabajo en mi última semana en Mozambique. Para el próximo post colgaré unas imágenes de los mercados en Nampula.

Samuel.



jueves 19 de febrero de 2009

RETRATOS DE AFRICA











Algunos de los retratos que tome ayer. Este post lo ire actualizando con retratos de dias anteriores y con retratos que tome a partir de hoy.

POR LA CARRETERA







De la nada salen personas corriendo, llevan algo en la mano, se apostan en el arcén de la carretera que une Nampula con Nacaroa, en el interior del norte de Mozambique. Nuestro driver va a 140 km por hora, hace más de 20 minutos que no se nos cruza ni un solo coche. Hace un sol que impide que nada se esconda y que quema la piel del más fuerte. Nuestro Toyota Hylux Surf pasa rozando las alas de la gallina que nos ofrecían a pie de carretera, zumbando en los oídos del agricultor (de no mas de 15 años) que sujetaba el ave por los pies.

Pasados dos kilometros, lo que ofrecen, casi lanzándonos hacia la ventanilla a pesar de ir muy rápido, son unas setas blancas gigantes.

Un poco más adelante, metiendo casi todo el cuerpo en el carril dos personas con platos de plástico con comida ya preparada son los que casi perecen bajo las ruedas del 4x4.

Así, durante decenas de kilómetros. Cuando llegamos al cruce donde se bifurcan los caminos que llevan hacia más el norte, a la província de Cabo Delgado, o hacia el océano Índico, a la ciudad isla de Ilha De Moçambique, el mercado espontáneo nos envuelve. Cada coche que se para en la intersección, deccidiendo que camino tomar, es rodeado por decenas de jóvenes que ofrecen absolutamente de todo. Galletas, latas heladas de refresco, botellas de agua, huevos, gillettes, pastillas de jabón, pasta de dientes, ropa... gorros... de todo. Todo muy caótico, algunos de ellos hasta nos dejaban caer sobre las piernas sus productos.

África es el muundo de la vida en la calle. O en la carretera. África es la vida en el exterior. Por la carretera, siempre se ven personas caminando, solas o en grupo, a todas horas, filas de niños y niñas que van a su escuelaa más cercana, trabajadores del campo, vendedores que van a la ciudad... la mayoría van a pie, llueva o haga sol, sea de día o de noche. Los afortunados, hacen el camino en bicicleta.

Ayer fué un dia extraño, realmente perdido por una África pura, donde miles de personas no saben lo que significa tener electricidad en casa, donde el agua potable se encuentra a veces a kilómetros del hogar, donde la vida se rige por las leyes de la naturaleza y donde los niños son adultos, y los adultos, viejos. Descubrir África no puede dejarte indiferente.

Salir de la ciudad y estar en un bairro donde las casas son casi de papel, o estar en un poblado donde el hecho de que llegue un blanco y se pasee por sus calles levanta espectación, no te lleva más de media hora de camino. Pasas del s.XXI a no se cuál.

Es curioso, supongo que aún no he entenddido muchas cosas, y que pretender entender África en poco más de 15 días es, simplemente, absurdo. Por lo tanto, me conformo con sorprenderme. Sé que muchos de los que me leéis ya os habéis dejado sorprender por África. Los que no podáis o no queráis, tranquilos, la vida tiene una capacidad tremenda de sorprendernos a la vuelta de la esquina. No hace falta venirse a Mozambique! Así que, espero os dejéis llevar por esta serie de imágenes. Imaginaros por un momento estar detrás de la cámara, sudando lo insudable, perdido en medio del mato mozambiqueño, escuchando a hablar las personas en la lengua Macúa, una música tan bella como incomprensible, y mirad sus sonrisas de dientes impecablemente blancos.
Dejaros acariciar por esta África que impregna.

lunes 16 de febrero de 2009

LOS BAIRROS















Algunas imagenes de la vida cotidiana en los BARRIOS (barriadas pobres) de Nampula, Mozambique.

ZACARIAS



Zacarías me lava la ropa en la residencia. Cobra 7'5 MTI por lavar una prenda y 7'5 MTI por plancharla, total 15 MTI por prenda, o lo que es lo mismo, 30 céntimos de Euro. Toda mi ropa, 11 prendas, 3 euros con 33 céntimos, más el jabón de lavar la ropa, que cuesta 8 MTI dos pastillas (unos 15 cts.) Me deja la ropa como nueva.

Zacarías tiene 20 años, está casado desde el año pasado con Amalia, que tiene 18 años y tienen una hija preciosa, Graciela, que tiene a pensa 1 añito. Trabaja 10 horas al día y cobra 1800 MTI por mes, es decir, 60 por día, 6 a la hora, o lo que es lo mismo, un poco menos de 20 céntimos de euro por hora, 2 euros al dia, 60 al mes.

Zacarías y Amalia aún van a la escuela cuando se pueden pagar la matrícula, que cuesta 310 MTI (10 euros aprox), el sueldo de una semana de trabajo. En Mozambique, el sueldo varía en función de los estudios finalizados, y a Zacarías le gustaría terminar al menos la etapa de educación básica para poder optar un sueldo un poco mejor.

El dinero que gana lavándome la ropa almenos es para él, no pasa por las manos de la dirección de la residencia y es un extra con el que se puede permitir algun capricho de vez en cuando, como salir a la ciudad con su mujer y su hija.

El día que establecí más contacto con él, el domingo pasado, cuando me entregó la ropa, estabamos falando y, como que yo tenia la tarde bastante libre, le propuse acompañarle a su barrio. Me miró con ojos entre raros de asombro y grandes de alegría. ¿Quieres venir a mi barrio? Y yo, si, si no te importa. “No, no!” me dijo. A las 14:00h salimos andando para el barrio Matadero, en el extraradio de Nampula, entre un pequeño valle, el barrio de Muhaiviri y una de las carreteras de llegada a la ciudad. Caminamos una media hora hasta llegar a la sua pallota. Al llegar, la verdad, me quedo bastante estupefacto, de repente me imagino a mi, con 20 años, casado, con un niño y vivendo en una casa con techo de paja, con el suelo de tierra y con 3 cocoteros dentro de mi parcela por patrimonio y, simplemente, me entran ganas de salir corriendo.

Sirva este post para presentar a la familia de Zacarias.

EL MEJOR GUARDADOR DE NAMPULA



Es domingo en Nampula. Me despierto pronto, sobre les 7 de la mañana. Desayuno mi pan con mantequilla y mi café con leche a base de polvos varios disueltos en agua caliente y salgo a la terraza de la residencia a fumarme el primer cigarro del día.

El sol pica y repica. Trabajo en el ordenador hasta las 9, hoy va aser un dia tranquilo, no tengo nada previsto hasta la tarde que me encuentre con Sergio Galán, responsable de salud de AECID en Moazambique y con Iván, un cooperante francés de Medicus Mundi. Por la tarde además llegará Bernat, un colega aventurero manresano que pasará unos dias en el norte de Mozambique.

Pregunto a uno de los trabajadores de la residencia por la misa de los domingos y me dice que la que se hace en portugués empieza a las 10:00h. De 8 a 10 de la mañana se hace en Emacúa, la lengua auténtica de esta zona de Mozambique. Me armo de valor para soportar el calor, me ato mi pañuelo pirata a la cabeza, me pongo laa protección solar, el repelente de mosquitos y el blanco que monta en bicicleta se dispone a investigar el nivel de fé de los mozambicanos de Nampula.

Al llegar a la plaza de la catedral (y única plaza de consideración en la ciudad) aparco la bicicleta en un farol de la calle y le pongo el candado con el que en Barcelona me hubiese durado lo que dura un café. Mientras la ato se me acercan unos 5 o 6 niños de entre 7 y 12 años a ofrecerse como “guardadores”, es decir, como vigilantes de mi bicicleta para que nadie la robe. Son niños que viven en la calle o pasan en ella el mayor tiempo del dia. Ropas sucias y rotas, sin zapatos, con pupas en manos, cara, labios... Uno de ellos, Herminio, de unos siete años y me dice, en portugués: “Yo soy o melhor guardador de Nampula!!” A grito pelao y firmes como un soldado... Y claro, ante tal convicción sobre la calidad de su servicio me sentí poco menos que obligado a aceptarlo como guardador de mi preciado hierro verde sin frenos, llamada “Velha” (Por vieja y por Casa Velha), que es mi bicicleta.

Entré en la catedral para asistir a la misa, no cabía ni un alfiler, y me tocó estar de pie, bien fresquito eso sí. De repente el público se levantó y se dirijió en fila hacia el altar. Me apunté. Pensaba que me iban a dar una hostia consagrada y pensé que almenos sería original hacer la comunión por primera vez de la mano de un sacerdote negro, en una ex-colonia blanca donde la iglesia aún asusta (se le dice convence) y mucho. Para mi sorpresa, al llegar al altar me encontré con dos señoras que portaban un cesto de mimbre cada una, con bastante dinero en ellos... y me costó, pero pude escabullirme antes de tener que soltar la mosca.

A mi salida de la catedral, un señor cojo, acompañado por uno ciego al que un lazarillo le agarraba de la mano me pidiieron limosna. Más, que limosna puedo dar a estas tres personas? Dos parecen ancianos aunque el mayor no tendrá más de 50 y pocos años, el ciego (por una conjuntivitis mal curada años atràs) no más de los 30 y el niño vesido con arapos no más de 11 ) Le di al señor cojo (el otro era ciego y el tercero un niño, así que creí que era el que mejor podía administrar, un billete de 50 MTI (unos 2 euros) a lo que el hombre, que para entonces se habaia quedado solo mientras ell niño y el ciego preguntaban a otras personas, trataba de besarme la mano. Después de hablar un rato con él, me enseñó las piernas, repletas de heridas, medio dobladas... llamé a Iván de Médicos del Mundo para ver que se podía hacer, el no estaba en la ciudad y me comentó que lo mejor era acercarlo al hospital. El señor mayor... no pparecía querer ir al médico, más yo le pagaba el Taxi. Al final, me quedé en la entrada de la catedral un rato y tomé una de las fotos que aparecen ene ste post y cuando me disponía a recoger mi bicicleta, que habia confiado al “melhor guardador de Nampula”, me encontré con los tres de nuevo, como si de un pesebre se tratase. Jesús María y José, sentados en el parque frente a la catedral. Les tomé un retrato.

Hablé con el niño un poco, al mayor no le entendí ni el nombre y el hombre ciego no me entendía a mi. Cuando le pregunto al niño que done vive, me dice que una barraca en un barrio lejos de la ciudad, que ellos son sus vecinos y que el vive solo. Él me dice que el trabja y les ayuda, y le pregunto que cual es su trabajo, a lo que él me dice:

“Yo soy o melhor guardador de Nampula!” Y yo, pensando que habia contratado al mejo unos minutos antes, miro hacia mi bicileta y veo al niñito firmes ante mi preciado hierro y le digo a él: “no, el melhor es ese otro, el me dijo”, a lo que me responde: “A el fui yo quien enseñó!

De nuevo me quedo sin argumentos ante tal capacidad de palabra. Mientras... los blancos y los negros que salen de la iglesia esquivan, como si tuviesen repelente antimosquito, los tres reyes magos de Nampula, sentados en el parque, esperando ver la estrella que los rescate.